
Capítulo III.
La condición del indio
Al comenzar el último cuarto del siglo XIX, el porfiriato se instaló en la silla del poder [26]. En su gobierno, al principio conciliador y después dictador, se plasmó en tinta oficial [27] el reproche y la indignación contra los indígenas [28]. La prensa fue una herramienta de orden. La disidencia se combatió por la vía de la represión [29], y las etnias originarias fueron señaladas como el natural obstáculo del progreso [30]. Se habló del "problema indígena", de "los asuntos de indios" o de "la cuestión indígena"[31], fundamentos de una apología —real y simbólica— al exterminio paulatino de las razas consideradas inferiores.
Hubo espejismos. A pesar de la conquista del derecho al voto para las masas en 1875 [32], persistían creencias profundamente arraigadas: se sostenía que los indígenas, si bien no inferiores por naturaleza, eran incapaces de integrarse a una nueva nación [33]. Incluso cuando la esclavitud fue abolida constitucionalmente [34] en el Estado de Occidente entre 1825 y 1830, la compraventa de indígenas continuó siendo una práctica habitual durante varias décadas más. De la idea a la acción, hay décadas de distancia.
Pero las etnias no fueron agentes pasivos: se organizaron y, al no encontrar espacios donde difundir sus exigencias, hicieron de la rebelión su grito de inconformidad. Los Tohono O’odham fueron considerados afables [35], pero otras etnias optaron por la guerra y fueron deportados y exterminados [36].
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​Aunque se ganó la libertad de expresión, el control sobre las narrativas históricas quedó en manos de quienes tenían acceso a la imprenta y medios oficiales. Muchas ideas científicas se usaron para explicar cómo debía organizarse la sociedad. Se decía que la nación era como un cuerpo [37], y que el Estado tenía la tarea de sanarlo expulsando a quienes se consideraban un obstáculo para su desarrollo. Según esta lógica, los pueblos indígenas eran vistos como parte de un pasado que había que dejar atrás. Bajo la máscara del orden natural, se justificaron políticas de exclusión y violencia.​